0
Tu carrito

De profetas y herejes

Vista de la obra «Cobija» (2025) de René Francisco Rodríguez, en Galería Continua, La Habana. Foto tomada del instagram del artista.

He recordado en medio de la catarsis y la incontenible necesidad de decir, una conversación que no llegó a ser entrevista, hace ya algunos años, con mi amigo, el artista Luis Manuel Otero Alcántara (La Habana, 1987). Revisábamos la situación emotiva, espiritual, de un pueblo que comenzaba a dejar de serlo en la concepción territorial que esa palabra implica.


La isla, por entonces, asistía a los albores iniciales de la conectividad: señal Wi-Fi en numerosos parques, venta (y reventa) de tarjetas prepagos por doquier, aglomeración de estrés, lágrimas, risas, discusiones, anhelos, nostalgias, ilusiones e insomnios; cientos de miles de historias de vida conjugándose al mismo tiempo en unos pocos metros cuadrados. Cada parque era un termómetro que condensaba los afectos y la temperatura social de la isla.

La performance “Unidos por la Wifi” (2015-2016) ya era un hecho. Luis era ya otro artista en la mira del censor. Alcántara quiso representar, un poco burlescamente, el drama que hipotecaba los días de cada cubano. Bajo una coartada radical, apareció en la populosa esquina de 23 y L, justo en el semáforo del cine Yara, celular en mano, y comenzó a desvestirse en una suerte de striptease que lucía tan “out of contest” que negaba cualquier posibilidad de hablar de arte, estética, gesto y otras lindezas.

Al ser inquirido por la policía el artista respondió ecuánime: “estoy hablando con mi novia, ella vive en Canadá, es su cumpleaños y mi regalo para ella es este striptease”. Quedaba expuesta, a través de ese gesto, la falta de privacidad que comenzaba a signar la vida de nuestra sociedad. Porque la restricción disfrazada de apertura comunicativa nos ponía en el ágora, más vulnerables que nunca, más neófitos que nunca, más ansiosos e histéricos de lo que fuimos alguna vez, más cercanos y, definitivamente, menos libres.

Aquella performance no podía -aunque lo deseaba sin pretensiones educativas- ser entendida por el transeúnte común. Luis Manuel vive como un sujeto de a pie, y acaso por eso piensa y actúa como un prodigio que obedece únicamente al instinto, la rebeldía ética y el conflicto antropológico. Ponía en crisis el espacio público con su desparpajo y su conducta herética, para remarcar la evidente carencia de un espacio privado. Y este último, más que necesario, es el único legítimo derecho que nos pertenece a todos. “Unidos por la Wifi” reaccionaba a un momento donde internet era, todavía, un fenómeno controlado, estrictamente planificado, considerablemente más costoso y sujeto al absolutismo práctico de la plaza pública. Donde nadie se cuestionaba lo que era un terreno amenazado de facto, Luisma acotó una terrible certeza: las libertades individuales comenzaban a sufrir una inusitada restricción que oscilaba entre lo imaginario y el cuerpo.


II

Con el tiempo las cosas cambiaron y las opciones de conexión crecieron para el pueblo. En tanto sociedad, vivimos una vertiginosa y favorable transición que suscitó un espacio democrático, desde el cual poder decir y accionar, al menos, en términos simbólicos. Y esa ágora -que no puede subestimarse- se volvió causa y efecto del desapego, la distancia crítica y el inxilio que practica el cubano promedio al día de hoy.

El tarifazo, entonces, no solo agrede el humilde bolsillo de los que maniobran para adquirir un paquete de datos que matice el peso de la realidad. Figura también como un intento de negación, el flagrante secuestro de la identidad alternativa que se crearon tantos cubanos en ese territorio virtual que no los hace más nobles o conscientes, pero al menos sí les funciona como ventana de escape y espacio de resistencia.

La indignación masiva que ha cobrado fuerza en nuestras universidades es la epítome del mazazo que nos ha aturdido a todos, una vez entró en vigencia la operación “Rescate de ETECSA”.

Es hermoso y exponencial que no se trate, en esta ocasión, de una protesta alentada por un grupo disidente; de la propaganda malsana que “paga la CIA”; o de “falsos predicadores hundidos en la mezquindad”; o de otras tantas yerbas que habitualmente suelen denostarse en los medios oficiales. No asumo, desde luego, que las voces citadas anteriormente no cuenten con el legítimo derecho de protestar. En cualquier caso, me admiro de que la emancipación tenga su foco en el espacio universitario, en el rizoma mismo de nuestro intelecto, ese que tantas veces suele aplanarse entre consignas y generalizaciones banales. Y es que al venir de donde viene, no puede simplemente obviarse, disimularse o envilecerse la protesta. Aquellos que inquieren hoy al gobierno y su monopolio comunicativo, lo hacen desde las formas y medios oficialmente establecidos, y su postura unívoca y cohesionada en la exigencia, se levanta como el más terrible juicio en contra de quienes detentan el poder en Cuba mas no la simpatía del pueblo.


III

Por esos avatares proféticos que siempre envuelven el destino de una buena obra de arte, el profesor y artista cubano René Francisco Rodríguez (Holguín, 1960) produjo en días pasados una espléndida escultura, que actualmente puede ser admirada en la sede de Gallería Continua ubicada en el Barrio Chino.

Pareciera que René fue el único artista, de entre los muchos invitados por dicha galería para celebrar un decenio desde su apertura en Cuba, que le concedió verdadera relevancia al momento y echó mano de su ingenio para concebir una pieza que califica, a mi juicio, como uno de los pocos hallazgos memorables dentro de un evento que abarcó demasiados espacios en detrimento de su intensidad visual.

“Cobija” (2025) no encubre su naturaleza intertextual; el uso de la cita como recurso y operatoria legitimada al seno del lenguaje visual posmoderno. Por ahí se encargaron de hallarle antecedentes situándola en una línea de refritos, versiones y samples, que solo tendrían sentido si no estuviésemos hablando de René Francisco, creador con una cultura visual demasiado vasta y exquisita como para venir a chotearse a estas alturas en la tibieza de semejantes aguas.

Pero lo que vengo a significar sobre “Cobija” es la premonición que fija entre quienes pudimos disfrutarla. El artista reprodujo la icónica imagen del Alma Mater, coronando lo que semeja una trinchera -o bien podría compararse a un remolino- armada con sacos.

En unos días tomaría cuerpo la protesta universitaria, y esta magnífica pieza asentaba a priori una metáfora de profundas implicaciones filosóficas. Visto el estado crítico al que hemos llegado como país, donde casi nada parece estar a salvo de estos tiempos apocalípticos, apenas anida la esperanza en el pensamiento, la razón y la voluntad de cambio que ilumina al intelecto. Sobre este principio discurre iluminada la obra concebida por René Francisco. Sobre esa ineludible verdad proyecta su luz y nos deja, cual si fuese un mantra, la certeza de lo esencial, aquello que debamos resguardar a toda costa.

El profe ha glosado en un breve pasaje los motivos que conviven al interior de esta reciente escultura. Cierro estos apuntes citando sus ideas, convencido de que nada sería más ilustrativo para el lector:

“(…) Los pies también se consideran un símbolo de iluminación . Los pies de un maestro espiritual se consideran pies de loto, y al tocarlos se puede obtener una transmisión de conocimiento espiritual y alegría. Desde una perspectiva espiritual, el lavado de pies también se practica en muchas tradiciones espirituales.

También podría ser un reflejo de un miedo a asumir la responsabilidad por las propias acciones o decisiones. Los pies podrían indicar la tensión que se siente al no querer tomar decisiones que puedan tener consecuencias.

En diferencia a los pies o manos o fragmentos que se asoman entre la barricada protectora de algún monumento en Ucrania, de donde tome los referentes formales, el pie que aparece es de color distinto al Alma Mater que remata en la cúspide. Parece que se extiende desde ella en un capricho formal, pero este pie colinda con todo lo que se oculta o se protege. Ronda en los escondrijos y los vericuetos oscuros de nuestra cultura, escindidos y deseosos de un acto emancipatorio, demandante de cuidado, amparo y salvación.

Arriba el mundo añorado académico, la Matria y dentro, entrevisto, abajo el misterioso pie, el enigma, y entre estos elementos transcurre una espiral protectora, eclécticamente arquitectónica, con los acomodos propios de un reposo de flores y almohadas, un ofrecimiento tranquilo dentro del remolino de polvo, piedra molida, bolsas de basura, escombros y húmeda arena que envuelve la orfandad del presente cubano.”


IV

En momentos distintos, Luis Manuel Otero encarnó el cuerpo de la protesta; mientras que René Francisco la profetiza. Los diálogos del arte más genuino se producen así: en contexto y a la espera de contestaciones futuras.

La Habana, junio 2025

“Cobija”

Resina de poliéster y fibra de vidrio; sacos de yute, arena, almohadas textiles.

2025

Galería Continua

Sobre «Falso nueve»:

Está por cumplirse cinco años desde que apareciera por primera vez “Falso nueve”, columna dedicada a la crítica de arte y el ensayo cultural, firmada por el curador cubano, Jorge Peré, en colaboración con la revista Hypermedia Magazine. Durante unos meses, el crítico perfiló desde ese espacio diversos temas relacionados al arte y la estética contemporánea. Luego, optó por pausar aquel proyecto, debido a la urgencia de otras ocupaciones profesionales.

Ahora, nos complace anunciarles el regreso de esa columna, pero esta vez enmarcada en nuestro sitio web. Los lectores tendrán a su disposición al menos un texto semanal, procurando incentivar la reflexión, el debate y el examen teórico del arte cubano contemporáneo desde diversas perspectivas y problemáticas. Para decirlo con las propias palabras de Peré: “(…)esta columna debería leerse en lo adelante como un intento de expiar (casi) toda la culpa que se nos achaca a los críticos de arte. No es que su autor asuma el derecho de hablar por otros (eso, precisamente, hacían nuestros padres). Se trata de una descarga confesional, a medio camino entre lo íntimo y lo colectivo. Sus textos sufrirán un problema de identidad, un conflicto entre la voz y lo narrado, una dudosa originalidad. Si algo está permitido, desde luego, es dudar de ella.


Sobre el autor:

Jorge Peré (La Habana, 1991). Crítico de arte, curador y editor independiente. Licenciado en Historia del arte por la Facultad de Artes y Letras de la Universidad de La Habana. Mención del Premio Nacional de Crítica de Artes Plásticas Guy Pérez Cisneros 2022. Curador adjunto en Galería Taller Gorría, Galería La Nave y Galería El Apartamento. Editor Jefe del proyector editorial El Oficio. Revista Cubana de Artes Visuales. 

Fundador y curador del proyecto Puzzle. Repasos al arte joven. Ciclo de exposiciones-talleres colectivas, desde 2019. Textos críticos de su autoría aparecen en diversas publicaciones culturales dentro y fuera de Cuba como Artecubano, Noticias de Artecubano, Hazlink, La Gaceta de Cuba, Artcronica, Art OnCuba, Hypermedia Magazine, Rialta Magazine y El Oficio; así como en diversos catálogos de exposiciones y monográficos de artistas. Una selecta muestra de su producción crítica quedó recogida en la antología Lenguaje sucio. Narraciones críticas sobre Arte Cubano (2019).

Compartir el Articulo:

Artículos Relacionados