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La primavera es el acto natural de renacer, representa el nuevo comienzo como elemento cíclico de la vida. Dentro de las crisis migratorias se ha entendido el destierro como una etapa primaveral, una vía para empezar nuevos derroteros. En esta obra el artista representa siete espacios diferentes que han fotografiado sus familiares y personas cercanas fuera de Cuba. Al ser testigos del fenómeno migratorio se crea una relación binaria de descubrimiento y adoración, vínculo que exploran los elementos fitomórficos y geométricos de las baldosas hidráulicas, propias de un mismo sitio como símbolo del hogar, con los disímiles espacios foráneos.