0
Tu carrito

SIEMPRE JOSE, NUNCA EL TAIGER

A Jose Manuel, a Magda y a Cuba

Por: Jorge Peré

La tragedia que situó a El Taiger (1987-2024) durante una semana, en el estrecho corredor que separa la vida de la muerte hasta que sucediera lo que parecía inevitable, equivale a la tragedia misma de un género, de un pueblo que entre súplicas y silenciosas resignaciones vio apagarse su cuerpo lentamente.

Víctima de un pasaje siniestro que aún dista de esclarecerse en todos sus matices, el cantante suscitó una conmoción desbordada en los millones de personas que aún no dan crédito al absurdo de su repentina muerte. Ahora, entre los escenarios que el artista frecuentó desde Miami hasta La Habana y la cama de cuidados intensivos del Jackson Memorial Hospital, en la que reposó su cuerpo inconsciente hasta el instante final, se teje una historia arropada por los excesos, la sobreexposición, y sobre todo, las constantes polémicas.

Porque el notable talento de El Taiger era directamente proporcional a su capacidad para imantar conflictos de toda índole, sean estos personales o motivados por la naturaleza beligerante del género. Esto último, fue una condición sine qua non para su carrera. Simplemente, nadie quedó ajeno a su hipnótica presencia: ni sus más acérrimos detractores, ni sus seguidores más enfebrecidos, ni aquellos para los que el género urbano representa el anticristo.

Casi al mediodía del jueves 3 de octubre de 2024, El Taiger volvía a ocupar los titulares de diversos medios oficiales e independientes de la Florida y La Habana. Esta vez, no se trató de otro arresto –cada vez más frecuentes–; ni sería otra escaramuza con algún exponente o youtuber de la hora. Su cuerpo fue encontrado en el maletero de un SUV Mercedes Benz, cuyo color negro se volvía un vaticinio fúnebre: 

Dos tanques de gasolina en el techo del auto. El cuerpo maltrecho, abatido, junto a varias ropas usadas. La frente perforada por una bala. 

Imagen distópica, inconexa; como sacada de un mal guión made in Hollywood.

Pero no era cine, lamentablemente, el macabro hallazgo a unos metros del Jackson Memorial. Un joven, un cubano emigrado, un cantante famoso, un padre, un nieto, fue asesinado y abandonado luego, sin asomo de compasión, en esa avenida céntrica. Y desde ese momento comenzaría a gestarse un shock nacional, pues no se trataba de cualquier víctima: José Manuel Carvajal Zaldívar, alias El Taiger, alias La Tranka, a través de los años condensó la voz, el carácter, el sentimiento y la banda sonora de un pueblo que en muy pocas cosas suele estar de acuerdo. Él fue una.

No bien consiguió establecerse en el género, El Taiger comenzó a polarizar criterios. Estuvo en Los 4 (antes Eddy K) hasta que su figura se desató y acabó eclipsando al decano rapero cubano Jorge Hernández Carvajal (Jorge Jr.), primo suyo y a quien le debe su inmediata salida del anonimato. La ruptura con el grupo implicó también una ruptura familiar, y uno de los beef que más perduró en el imaginario del reggaeton cubano. Jorge Jr. perdió el control sobre la bestia que él mismo creó, protagonista indiscutible de los mejores años de Los 4. Y Jose, convencido de abandonar la tutela de aquel, soltó riendas al Príncipe –su primer alter ego– para abrirse paso hacia una memorable alianza conocida como Los Desiguales.

Desiguales marcó un cambio significativo en el estilo sonoro y visual del reggaetón cubano. El Príncipe y Damián –otro veterano y ex miembro de Los 4– crearon la fórmula del “Fashaton”, que trajo los sonidos electrónicos y el refinamiento a la moda urbana insular, por entonces atascada en los viejos patrones del oversize y la joyería de medio pelo. Su performance comenzaba en la apariencia y se expandía a un estilo sofisticado, que influyó positivamente en la manera en que los públicos comenzaron a asimilar los códigos del género. Desiguales acaso remarcó la época dorada de los duetos en la Isla, y planteó una suerte de establishment del cual participaban junto a Gente de Zona, Chacal y Yakarta y Yomil y El Dany.

Luego de un ciclo de indiscutible éxito, El Príncipe salió de Cuba como cualquier cubano que decide emigrar. No hubo privilegio alguno en su travesía. Cruzó la frontera mexicana, esa aduana del terror, y entró en los Estados Unidos como José Manuel Carvajal Zaldívar. Su vida entraba en un nuevo capítulo, en el cual El Príncipe, y todo lo que esa marca significaba dentro del género, tenía los días contados. 

En principio, sucedería algo inédito: Rottweilas, el sello discográfico de los hermanos Jaime y José Cosculluela, le extendería un contrato de trabajo y esto lo acercaría a jugar en “Las Mayores”. No obstante, siempre se gana y se pierde algo, y José, en este caso, perdería para siempre la pureza y el sosiego de El Príncipe. Nacía entonces El Taiger.

El testimonio de esta transición habita en los versos de “Emigrante”, declaración de principios de su álbum Engagement (2017). 

Afincado ahora en Miami, El Taiger comenzó a mirar al mundo. Su nueva carrera lo llevó a despojarse del provincianismo congénito al reggaetón cubano. Debía adaptarse a las reglas de un mercado vivo, exigente y lapidario cuando no se está en sintonía. Atrás quedaban los negocios informales que sostuvieron su estatus por tanto tiempo en Cuba. Él, que jamás echó por tierra su conexión emocional con la Isla, sintió la presión de trabajar meticulosamente en torno al equilibrio de una balanza: lo que esperaba el público cubano de las dos orillas y la seducción de un público otro, dominado por el canon puertorriqueño.

El símbolo de esta nueva época es “Ya coronamos”. Un trap donde colabora con lo más trending del urbano latino en ese entonces: Bad Bunny, Bryant Myers, J Balvin y Cosculluela. “Ya coronamo´, estamo´ en las grande´ y de aquí no bajamo´”, reza el coro de una pista que parece retratar el salto definitivo de un cubanito a la ansiada cima.

Las barras de El Taiger lucen distintas, como revisadas y corregidas por otra voz. Dicen lo que hay que decir, pero no vibran felizmente en su flow. Se ajustan a un paradigma importado; ideal para el negocio, pero enrarecido para quienes lo siguen desde su génesis. En cualquier caso, no puede negarse la virtud en su desdoble y el orgullo de verlo renacer al lado de esos fenómenos emergentes.

Entretanto, gana terreno rápidamente en Miami. Se hace de un aura que se acrecienta según frecuenta ciertos escenarios de moda como Flamingo Theater Bar y La Scala. Comienzan asimismo sus escarceos con Alexander Ota Ola y otras yerbas del negocio político, que exacerban su natural vocación polémica. Se vuelve, como nunca antes, una figura pública de alcance masivo. Sus Live en Instagram alcanzan ratings de videoclip. Su vida privada queda expuesta en casi todos los ángulos. Su cuerpo gana peso y tatuajes por todas partes. Comienza la Taigermania. 

2020 fue un año de eclipse absoluto, y para El Taiger, supuso el comienzo del fin.

En medio del encierro oficialmente decretado, en julio, el reggaetón cubano alcanza la cuota de dolor más alta en su historia, solo comparable a la desaparición del joven Elvis Manuel: El Dany, ingresado en el hospital Calixto García, enfrenta una inesperada complicación y pierde la vida a los 31 años. El Taiger, visiblemente conmovido, deja sus condolencias en Instagram y enmudece por un tiempo. Sin embargo, lo peor está por venir para él.  

En septiembre recibiría el más duro de todos los golpes: la noticia de la muerte de Magda Zaldívar, su madre, su guía, su razón de existir. Y como si no bastara con semejante dolor, horas más tarde sabría que su padre, igualmente, estaba dejando este mundo. El corazón de Jose comenzó a secarse mientras naturalizaba el dolor como una constante. La razón extraviada, la vida jugando al absurdo, el destino como un aliado nefasto. 

“Con ustedes se fueron mis miedos”, escribe más tarde en “Carta Magna” (2021). 

Ni siquiera la música, la mayor de sus pasiones, sirve de paliativo en esa hora oscura. Jose abraza el dolor, sabiendo acaso que nada puede curar su alma. Arrasado como está recibe el consuelo de sus cercanos y sus miles de fans. Pero no basta. El vacío es demasiado hondo. Entonces decide que lo mejor es no estar, no sentir, respirar como autómata. Acude a la bebida, al consumo de sustancias. Y se queda a vivir en estas últimas.

A partir de aquí comienza esa “vida improvisada” que refiere en una entrevista en el podcast Destino Tolk. Las vidas de El Príncipe y el primer Taiger encuentran sentido y refugio en los sacrificios y las palabras de “La Gorda”, quien era su oráculo más poderoso y venerado. Sin embargo, tras la desaparición de su madre, el cantante se ubica al borde del nihilismo. Su pasado y su presente quedaron truncos. Y la sensación de desvarío se hizo presente en todas las facetas de su vida. 

Me inclino a pensar que el movimiento del reparto cubano le devuelve momentáneamente el brío y el propósito a Jose. Cuando finalmente pudo volver a pisar Cuba, en noviembre de 2022, encontró que más de una cosa había cambiado por aquí. Una energía especial, contagiosa, distinta a la que él dejo, se esparcía entre los artistas, los productores, los estudios de grabación y la noche habanera. La farándula era otra. Sin embargo, ciertos rituales permanecían intactos.  

El Taiger fue recibido por la nueva generación, profundamente devota del reparto, como lo que era: una leyenda del género. Más que respeto, recibió de los jóvenes la admiración que solo un fanático es capaz de ofrecer. Era una suerte de hijo pródigo de regreso en su tierra, confirmando que su legado no había quedado en el olvido. No tarda en embriagarse con esa atmosfera. Se asoma a la impronta que venían marcando los nuevos ídolos del reparto y pone en marcha su motor creativo. 

En menos de seis meses el reparto se volvió aún más popular en Cuba y en Miami. Como Midas, El Taiger puso su mano sobre la más genuina expresión de la calle, apadrinó y potenció el ascenso de varios exponentes, conectó a la generación veterana con la que venía emergiendo y burló el cerco prohibitivo que estigmatiza los vínculos entre los artistas cubanos que hacen vida en Miami y su país de origen. 

Algo esencial se le descubrió mientras volvía a desandar “las calles por las que siempre caminó; los lugares a los que siempre iba, con los hermanos de toda la vida”. Algo se transformó en su visión del género y su diálogo con el credo identitario de la música cubana. Fue un salto repentino a la madurez que trajo consigo, entre otras cosas, el autorreconocimiento y un aliento renovado al sonido de sus temas. 

De regreso en Miami tiene todas las miradas en su norte. Se vuelve un foco mediático, blanco de toda clase de especulaciones y difamaciones. Deja plantada una entrevista en el programa de Youtube “El Bafletazo”. Sus Live se convierten en una tribuna de cotilleos, provocaciones, fuertes intercambios verbales y amenazas. Entra a jugar con las reglas del circo político y parece estar cómodo. Cuando parecía tener motivos de sobra para devolverse a la creación sin distracciones banales, El Taiger se adentró en un túnel poco feliz, en el cual tenía muy poco que ganar y demasiado que perder. 

La zona recalcitrante de Miami le reprochaba su espontáneo regreso a la Isla. Verlo sonriendo en el Hotel Packard, junto a su familia y amigos; caminando por el Malecón mientras una cámara reproduce el instante; echado sobre un sofá del bar Mío & Tuyo o soltando algunos coros en la tarima, dizque era demasiado para ser tolerado por los resentidos fiscales que perseguían su descrédito.

Quienes pretendían lincharlo públicamente reabren un polémico debate que podría resumirse en al menos dos cuestiones: ¿Por qué El Taiger, indiscutible pilar del género urbano cubano, no fue parte de la afamada y premiada canción “Patria y Vida”? ¿Es aceptable que un artista como él renuncie a defender la libertad y los derechos de su pueblo? 

Parece obvio que la incomodidad respecto a El Taiger tenía que ver con la libertad de sus ideas y sus decisiones. Picaba, y mucho, que el artista pudiera navegar entre las dos orillas sin necesidad de autoafirmarse políticamente y obedecer a una agenda que utiliza la cultura como fachada. 

Por suerte para todos, Jose no dejó de venir a la Isla. Y pudo dejar en ella memorias de lo que serían los últimos compases de su carrera.

Entre finales de 2023 y comienzos de este año, la imagen de El Taiger se volvió histérica, casi insoportable para muchas personas. Las polémicas le llovían y ya no se molestaba en disimular los síntomas de su profunda adicción. Podía aparecer en cualquier horario a soltar una descarga en Instagram. Ya sea enviando mensajes metafóricos a sus detractores o agarrándose de cualquier situación para iniciar el choteo burdo. Al fondo de todo, esa carcajada ronca, fragmentada. 

Su ubicua presencia en las redes era el reflejo de su vacío interior. 

Asomémonos a una secuencia vertiginosa, donde la realidad semeja un thriller americano: 

Arrestado en Miami por conducir a exceso de velocidad un Lamborghini Urus robado. Fianza. Conflicto con El Chulo por las redes. Arresto a la salida de un supermercado por sospecha de robo. Atrapado en posesión de cocaína y metanfetamina. Fianza. Arrestado por conducir con la licencia vencida y en posesión de cocaína. Fianza. Conflicto con Alexander Delgado y Randy Malcom. Múltiples amenazas con Dany Ome y Kevincito. Hospitalizado tras su detención por conducir en estado de ebriedad. “Cosonga”, tiradera del Aldeano. Riña en las afueras de un bar en La Habana con Ja Rulay. Detenido por presuntos delitos de robo a mano armada y agresión. “Ta sonando muna”. Efion x Efion. Foto en las afueras de un Templo Abakuá en el barrio Los Pocitos. Nueva riña con Ja Rulay en Varadero, momentos antes de ofrecer un concierto. Live… 

Así de caóticos fueron los últimos meses del cantante. Siendo cada vez menos José y más El Taiger.

Las grandes muertes arrastran grandes misterios, teorías conspirativas, mitologías que intentan matizar el desasosiego. 

Un joven sociópata, influido por las ideas de una novela, asesina al hombre más famoso luego de Jesucristo; el Mercedes de Lady Di y Dodi fue atentado en sus frenos; Lee Harvey Oswald fue el conejillo de indias de una conspiración política; Pablo Escobar no está muerto; la sobredosis de medicación de Michael Jackson fue intencionada… 

En esos casos, la voluntad de ficcionalizar supera a la objetividad forense. 

En junio de 2023, otra trágica pérdida sacude el corazón de El Taiger: su amigo y colega, Pacho “El Antifeka”, pionero del género en Puerto Rico, fue ultimado a balazos en el estacionamiento de un mercado en San Juan. El artista sabía que Pacho llevaba la doble vida de cantante y “bichote”. Y por ende, su vida, bajo una amenaza sempiterna, pendía del azar callejero. 

No obstante, hay una muerte que, sobre esas otras, ha venido a mi cabeza con recurrencia en los últimos días: la del rapero norteamericano, Tupac Shakur, en septiembre de 1996.

Al igual que El Taiger, Tupac fue baleado mientras se movía en su coche por una concurrida avenida de Las Vegas. Llegó al hospital en condiciones muy críticas y se mantuvo con vida durante seis días. También contó con soporte vital. También mantuvo en vilo a millones de fanáticos. También sería el blanco de la violencia que estremece las calles, y de la cual los famosos no quedan exentos.   

Tupac fue al hip hop lo que El Taiger al movimiento urbano cubano. 

Las condiciones dramáticas en que mueren ambos ídolos solo contribuyen a mitificar su breve y prolífica existencia.

Si hubiese un altar dedicado al género urbano cubano, Elvis Manuel, Danilo y El Taiger conformarían la trinidad. La humildad de la calle, el rigor y la perfección del estilo, y la fuerza espiritual, respectivamente.   

Ahora que El Taiger ha partido dejando un vacío indecible en el género, habría que pensar si con él no termina también una época. El movimiento urbano de la Isla, tal y como lo conocemos hasta hoy, dejará de existir, inevitablemente. 

Y es que nadie, como El Taiger, ha sabido comprender y adaptarse a las variaciones del género por tantos años. Nadie ha sido tan bueno y versátil; nadie tan iluminado y comprometido; nadie tan obsesivo y preocupado por las esencias que dominan el estilo local; nadie tan definitivamente influyente en el destino de una generación.   

Siendo El Príncipe hacía alusión al “movimiento cubano”. Ya como El Taiger, no cabe duda, se volvió el símbolo más preciado de esa invención imaginaria. 

La grandeza de Jose, la idolatría que inspiró entre los cubanos, además de en ese altar improvisado en la acera donde fue abandonado a su suerte; incluso más allá de las vigilias organizadas durante la última semana para orar en su nombre; puede sopesarse en el heterogéneo listado de condolencias a propósito de su muerte.  

Actores, músicos, poetas, artistas visuales, intelectuales, hombres y mujeres de negocio, han aparecido a dejar una foto, unas palabras o una semblanza. Muestra de esa empatía aleatoria que lo distinguió y curtió su extraordinaria sensibilidad.          

El Taiger acabó devorando su pasado.  

Quien no conoció a El Príncipe no conseguiría presumir que fue su antecedente. Jose, en cambio, tuvo momentos de asomo: los instantes de ternura, los abrazos, las lágrimas. Pero El Taiger lo acallaba, respondía instintivamente grabando en su cuerpo una frase, un rostro, un símbolo, una fecha…   

El Taiger se extravió en su lucidez, y de golpe, opacó la cordura de Jose. Este último, quizá, no habría escrito tantas buenas canciones, ni se habría intitulado “La Tranka de su país”. Pero tampoco habría muerto de un balazo en la cabeza. 

Hoy todos (o al menos yo) preferimos que Jose hubiese sobrevivido a El Taiger. Y no al revés. 

Un año más tarde, el género todavía vive un duelo que acaso será sempiterno.

Fotografías: Extraídas de Internet


Sobre el autor:

Jorge Peré
Crítico de arte, curador y editor independiente.

Jorge Peré (La Habana, 1991). Licenciado en Historia del arte por la Facultad de Artes y Letras de la Universidad de La Habana. Mención del Premio Nacional de Crítica de Artes Plásticas Guy Pérez Cisneros 2022. Curador adjunto en Galería Taller Gorría, Galería La Nave y Galería El Apartamento. Editor Jefe del proyector editorial El Oficio. Revista Cubana de Artes Visuales. 

Fundador y curador del proyecto Puzzle. Repasos al arte joven. Ciclo de exposiciones-talleres colectivas, desde 2019. Textos críticos de su autoría aparecen en diversas publicaciones culturales dentro y fuera de Cuba como Artecubano, Noticias de Artecubano, Hazlink, La Gaceta de Cuba, Artcronica, Art OnCuba, Hypermedia Magazine, Rialta Magazine y El Oficio; así como en diversos catálogos de exposiciones y monográficos de artistas. Una selecta muestra de su producción crítica quedó recogida en la antología Lenguaje sucio. Narraciones críticas sobre Arte Cubano (2019).


Compartir el Articulo:

Artículos Relacionados